Ante todo, pedir disculpas por la inactividad que ha sufrido este blog durante estas últimas semanas. se me han juntado muchas cosas, y sin profundizar demasiado en el tema, me he sentido desanimado y falto de ideas que compartir, al menos de ideas confesables, bien por ser demasiado personales o porque comunicarlas podrían hacer que os planteéis por qué aun no me han encerrado y tirado la llave bien lejos.
Muchas veces, metes la pata hasta el fondo y no te das cuenta. Y no sólo no te das cuenta, sino que te reafirmas en tus postura y te obcecas en que eres tú el único que lleva la razón. Y hacer eso te lleva, de manera indirecta, a pensar mal del resto de la gente y ver cosas donde no las hay.
Por eso, cuando te dan un toque de atención la primera vez, lo único que haces es darte la razón a ti mismo, y toda esa bola de mierda, de malos rollos y demás, va creciendo hasta límites insanos.
Pero cuando ya una segunda vez, te explican las cosas y oyes como se siente el resto de gente, te das cuenta que la culpa es tuya, y que tragándote el orgullo las cosas irían mucho mejor. Y que todas esas cosas que pensabas carecen de fundamento en su mayoría.
Sé que este post no está quedando nada claro, pero no me decidía a poner nada por escrito, y una vez que lo intento, no encuentro las palabras para exponerlo.
De todas maneras, he aprendido algo muy importante respecto a las relaciones humanas, y es que si alguien te importa, debes tratar a toda costa de mantener esa relación y demostrárselo no con palabras sino con acciones.
Nacho
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