Y es que hace tiempo que considero que en mi caso es mejor no hacer balance del año al uso corriente, esto es, de enero hasta diciembre, pues se entremezclan demasiados sucesos que tienen poco que ver unos con otros. Considero que es mejor hacer un repaso desde el comienzo del curso académico hasta el final el mismo, puesto que las cosas tienen más relación y se pueden analizar de una manera conjunta de forma más sencilla. Dicho esto, comenzaré desde septiembre, pero habrá que resumir bastante porque de aquí puede salir una parrafada de proporciones épicas.
Empezaremos por la recuperación de los exámenes de inglés de la escuela oficial de idiomas (de aquí en adelante, eoi para abreviar). Tras no haberme presentado en junio por confusiones varias, y tras haber pasado tres semanas en Irlanda practicando inglés para solventar dichos exámenes, me encuentro con que mi nivel de conversación en inglés ha mejorado exponencialmente, y que lo que antes eran dos frases articuladas malamente y con varios "ehh.." "uhh..." "hmm" ahora se han transformado en frases fluidas y complejas, lo que permitió irme de allí (me expulsaron por sobrepasar el límite de ausencias, pero eso ahora no viene al caso xD) por la puerta grande, con notable en todos los exámenes y la cara de mi ex-profesora pasmada al ver como contaba con total naturalidad el torneo de fútbol sala que había jugado hacía no demasiado en el Trinity College.
Tras mi primer acercamiento a los estudios después del verano, inmediatamente después vinieron las clases de la universidad. Tercero de carrera, elección de optativas, elección de grupos, coincidencia con poca gente de años anteriores... etc. Intentando conciliar el horario de las clases con el de la eoi de Getafe (tuve suerte de poder meterme en Intermedio II en el horario que quería), elegí un horario de tarde, con sorprendentes hechos como entrar los lunes a las 7 de la tarde a clase o tener una sola clase a mediodía los miércoles. Un descontrol, vamos. Lo bueno fue que las clases (al menos las asignaturas obligatorias) estaban poco concurridas (11 alumnos en una y cuatro, si cuatro alumnos en una asignatura obligatoria, en otra) me sirvieron para poder sacar razonablemente buenas notas. El problema llegó en las optativas, de las cuales una la suspendí por total falta de motivación al ir sin ningún conocido a clase, y en la otra, pese a ser la asignatura que más me ha gustado en todo el año y quizá en toda la carrera, por culpa del profesor y una baja puntuación a la hora de corregir el examen, acabé sacándola sin apuros pero sin llegar al menos a un 7, mínimo que me planteaba a principio de curso para todas las asignaturas sin excepción.
Pero no todo son libros, tras haberlo hablado profundamente durante el año anterior y el verano, entre los chicos del grupo decidimos montar un equipo de fútbol 7. Como habitualmente, acabé pringando y montando todo lo del equipo yo, con lo que tuvieron a bien nombrarme delegado y capitán del mismo, y como encargado de que todo fuese bien, tuve que desde poner carteles en la uni con el sugerente titular de "BUSCO SEXO" para encontrar un portero, a tener que andar mandándome montones de correos con los otros delegados del resto de equipos para cambiar de fecha los partidos.Mereció la pena hasta cierto punto, aunque también hubo varios aspectos negativos dentro del grupo que hacen que me haya planteado repetir tan alegremente en el puesto si es que el equipo se vuelve a hacer este año, cosa que de momento no está clara.
En lo relativo a las relaciones personales, durante este tiempo (para situarnos, abarcaría lo que podríamos considerar un primer cuatrimestre universitario) el trato con mis amigos del barrio "de toda la vida" progresivamente se fue deteriorando por diversas razones, entre las que destacan (me avergüenzo al reconocerlo) que cada vez se me quitasen más las ganas de quedar con ellos, no por una cosa u otra en especial, sino porque no me apetecía verles. Especialmente relevante fue el cumpleaños de mi amigo Ller y el comentario que me hizo respecto a ciertas cosas que había dicho y no debería haber hecho, que me marcó mucho y provocó que durante bastante tiempo esos sentimientos de no querer verles se intensificasen. Afortunadamente las cosas se han arreglado y, pese a que aún hace falta tiempo para que todas las heridas cicatricen, la cosa va por buen camino.
Entre pitos y flautas nos ponemos ya en diciembre, y me hallaba esperando una llamada con impaciencia que podría solucionar mis crecientes penurias económicas de un plumazo. Hablo de (volver a) trabajar en la Fnac durante las navidades, que pese a ser una época horrible para trabajar, con todo el estrés de la gente, a mí me solucionaba gran parte del año, para poder llegar hasta prácticamente verano sin demasiados apuros. Dicha llamada finalmente se produjo y ahí estaba yo, por tercer año consecutivo, enfundado en un chaleco y repitiendo como cantinela monótona "Hola buenas, ¿tarjeta de socio?" Lo que hay que hacer para ganarse las lentejas...
Vamos a dejarlo aquí de momento, que aún queda un cuatrimestre y no es plan de ocupar una página entera con chorradas que no le importan a (prácticamente) nadie.

Pd: ilustro la entrada con la foto del equipo a falta de algún miembro, pero nos fue imposible hacernos una foto en la que estuviésemos todos juntos, por alguna razón, siempre nos faltaba alguien...
Nacho