martes, 15 de marzo de 2011

Quiero volver.




Todavía recuerdo cuando mi madre me acompañaba al cole, hace unos 16 añitos.. Me llevaba de la mano hasta la "puerta de la cuesta" y allí nos despedíamos: "aprende mucho Sarai, y ¡diviértete!"
Comenzaba a subir la cuesta, siempre con dos ojos tras mi espalda, observándome. Llegaba a la mitad del camino, giraba la cabeza y allí estaba, mamá.
Sonreíamos y seguía mi trayecto, el camino que mis cortas piernas recorrían cada día para ir al encuentro de los amigos y los "libros".
Clase de 4 años; Sarai: el helado. Fue entonces cuando, por primera vez, me asignaron un pseudónimo que sobre todo yo pudiese reconocer, el helado.
Primera clase: recortar dos niños semidesnudos para al poco recortar sus ropas y luego jugar con ellos durante horas, intercambiando complementos y demás con el resto. Les vestíamos a nuestra moda. Llega el recreo y mi pasatiempo era buscar, junto con Marta y Fani, una piedra lo suficientemente grande como para jugar a la muñeca.
Suena el timbre y volvemos a clase, esta vez para aprender el nombre de aquellos símbolos tan raros: "A, B, C, D, ..."
La comida y por último la hora de la siesta. Una jornada laboral productiva cuanto menos.
Vuelvo a la cuesta para emprender mi camino de vuelta, y, parece increíble pero allí está mamá.
Bajo corriendo con miedo de no volver a tropezar y destrozar el regalo del día del padre que llevo entre las manos. Abrazo a mi madre, la beso, me coge de la mano y vamos a dar un pase mientras meriendo...




Llega el domingo, las 20:15, es hora de macharse. Me dirijo a la parada de bus, acompañada de mi madre, incondicional. Y 30, es la hora. Nos despedimos, y como siempre, me dice: "estudia Sarai, estudia, y ten mucho cuidado cariño, que ya sabes lo que hay por ahí. - Vale mamá."
Lunes, tengo que ir a la universidad, pero esta vez sola. Busco mi helado y sólo encuentro retahílas de números con letras intercaladas, ¿esta cifra seré yo?.
Durante una clase me dirijo al profesor, el cual no sabe ni en qué carrera está impartiendo su materia, ni mucho menos cómo me llamo.
Llega el descanso entre horas, que no recreo, y como siempre, nos reunimos en la cafetería para poner verde al profesor anterior. Es una realidad.
Tercera hora: bioquímica. Resulta que sigo aprendiendo el nombre de símbolos tan raros como el ácido lauroleico C 12:1 n-3.
Terminan las clases y vuelvo, esta vez a la residencia y en metro. ¿Entre mis manos? Tres libros de un grosor considerable que he conseguido en la biblioteca tras horas de búsqueda, y encima uno está en inglés.
Lunes, martes,.. ¡viernes!..vuelta. Llego a la parada donde dejé a mi madre y ahí sigue, tan guapa como siempre. Bajo del autobús, me observa y sus ojos reflejan lo que piensa: "¿algún piercing? ¿se ha comprado algo más aparte de todo lo que tiene llenando el armario? ¿sigue teniendo esa cara tan dulce e inocente? piercings no, pendientes nuevos y la misma dulzura de siempre, tan responsable como la dejé hace más dos semanas."
¡Hola mamá!, -¿Qué tal por Madrid, la Universidad bien? -Sí, bien, todo normal...



S.

2 comentarios:

  1. Si pudiera para volver atras hasta los días que la mayor reocupación era buscar piedras grandes lo haría con los ojos cerrados.

    Nunca los viernes habían sido tan esperados como en estos últimos años

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  2. Ojalá todo fuese tan sencillo y verdadero como antes.

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