Allegro ma non troppo.
Todos corrían, o mejor dicho, todos corríamos en la misma dirección, todos albergábamos el mismo anhelo: el sueño de alcanzar la felicidad. Todos esperábamos encontrar nuestro destino a la vuelta de la esquina, de ahí las prisas.
Pero mientras eso no ocurriera, mientras que lo que la vida nos ofrecía y lo que nuestros deseos mandaban llegaban a un acuerdo, tendríamos que seguir conformándonos con repetir de vez en cuando el adagio de doña Margarita: Allegro ma non troppo.
S.
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